HADAS DOMÉSTICAS

Con el nombre de “hadas domésticas” o “hadas del hogar” se conocen a unas pequeñas y traviesas hadas que habitan en los hogares humanos, sobre todo en las casas de campo. Objetos que se caen o cambian de lugar, platos que se rompen, golpes en las puertas o carcajadas, son algunas de las acciones con las que se divierten.
La convivencia que mantienen con el ser humano suele ser muy pacífica. Son trabajadoras y ayudan en las labores del hogar, barren la casa,  dan de comer a los animales, los cepillan, y como precio a colaborar en el hogar, marean a los hombres con sus trastadas.
Las haditas del hogar se distinguen por sus trajes rojos o verdes; son pequeñas y delgaditas y tienen las orejas puntiagudas y los dedos de las manos muy largos.
Como ocurre con todos los seres feéricos, su humor puede ser muy cambiante, aunque para llevarse bien con ellas basta con conocer y respetar sus normas. Por la noche agradecen que se les deje un vaso de leche fresca o un tazón de agua sobre la mesa, para que puedan beber cuando tengan sed o bañar a sus crías. Otra de sus manías es tener la casa limpia, por lo que se enfadarán con nosotros si nos acostamos sin haber barrido el salón. También valorarán que se les deje algo de comer, como un poquito de pan o queso. Si no se les deja ellas lo robarán.
Su ética es muy diferente a la del ser humano. Las hadas no tienen sentido de la propiedad. Todo lo que hay en el universo es para los seres que en él habitan y cada uno debe coger según sus necesidades, al igual que debe compartir si otros no tienen. Esto explica que roben comida y no sientan remordimientos por ello. Se han dado casos de hadas que han robado tartas y pasteles en casas de vecinos para regalarlo a la señora de la casa en la que viven, a modo de agradecimiento. También tienen un sentido comunitario del trabajo que hay que realizar en una casa o en el campo, y por este motivo ayudan siempre que pueden.
 El lado negativo de la convivencia con estas hadas es que se divierten a costa de los hombres, cambian las llaves de sitio para que los hombres den vueltas por la casa buscándolas, esconden los papeles importantes y luego no hay quien los encuentre, abren las puertas de los armarios, los grifos por la noche, y un largo etcétera de jugarretas que  todos conocemos, aunque muchos ignoren las razones de estos fenómenos.