LAS FIESTAS EN LAS HADAS

Como seres que viven en estrecho contacto con la naturaleza, las hadas festejan el cambio de estaciones, pero ellas se rigen por el calendario celta, un calendario lunar, distinto del gregoriano. Este hecho explica que las celebraciones de las hadas no coincidan con las nuestras.
Para los celtas el año comenzaba la víspera del 1 de noviembre, que iniciaba el solsticio de invierno. Esa noche, conocida como la noche de Samhain, las leyes mortales quedaban derogadas y el tiempo quedaba suspendido.
Samhain era el dios celta de la muerte, que en sentido figurado daba muerte al sol, abriendo paso al invierno. En la noche de Samhain se honraban a los antepasados encendiendo hogueras por los campos. Una vez iniciado el ritual, los muertos salen a la superficie y se reúnen por unas horas en terreno mortal. Esta noche es especialmente peligrosa.
El fuego es un elemento fundamental en los ritos. Está relacionado en cierta manera con su contrario o complementario, el agua. Ambos representan el final de una etapa y el principio de algo nuevo. Si el agua simboliza la purificación y el nacimiento, el fuego es la ruptura con lo anterior para empezar de cero. Se destruye un recuerdo quemándolo, con la esperanza de que acabando con él aparecerá algo mejor.
Con el cambio de culturas, la noche de Samhain ha dado paso a la víspera de Todos los Santos Difuntos. El verdadero peligro de esa noche no es que las leyes mortales queden derogadas y las hadas salgan a celebrarlo, sino que con ellas también acuden los espíritus malignos, los espíritus de los muertos que no están en paz. Si la noche de los Santos Difuntos un mortal se cruza con una procesión de almas, éstas se lo llevarán con ellas.
El origen de la celebración de la noche de Halloween parece estar relacionado con las huestes, la Sluagh, las hadas malditas. Los celtas creían que la noche de Samhain, el señor de la muerte convocaba a las huestes de los espíritus malignos y los muertos bajaban a su antigua morada, la tierra. Para protegerse de ellos, los druidas encendían grandes hogueras.
La tradición de encender hogueras en esta fecha sobrevivió hasta épocas modernas. Con el paso del tiempo se añadieron nuevos ritos, como el de utilizar calabazas huecas iluminadas por la luz de una vela en su interior, o disfrazarse y pedir caramelos por las calles. Junto con las hadas estamos celebrando la noche de Samhain. Por este motivo los disfraces más apropiados para esa noche son los de esqueleto, en referencia a los muertos, y los de bruja. Con este rito los humanos están exorcizando a los malos espíritus.
Si los celtas celebraban el inicio del solsticio de invierno el 1 de noviembre, actualmente se fecha el 21 de diciembre, el día más corto del año.

La siguiente gran fiesta de las hadas daba comienzo la víspera del 1 de febrero o noche de Imbolc. Entre la noche de Samhain y la noche de Imbolc transcurría el invierno. El 1 de febrero cerraba para los celtas el invierno, que celebraban con un gran juego y con la costumbre de reunirse alrededor de él a contar cuentos.
Esta estación finaliza según nuestro calendario el 21 de marzo, fecha en la que se igualan la noche y el día y que marca el inicio de la primavera. En principio puede sorprender que los celtas celebraran el final del invierno el 1 de febrero. Si tenemos en cuenta que este día coincide justo con la mitad del invierno, se puede interpretar que estamos en el punto álgido del invierno, del frío, y por tanto a partir de ese día el frío decrece y con él la muerte del invierno.

El 1 de mayo celebraban los celtas la noche de Beltaine y de nuevo encendían hogueras para celebrarlo. Para los celtas esa noche marcaba el inicio del verano y el florecimiento de las flores. Era una fiesta agraria, uno de los grandes días del año en el que las leyes mortales volvían a quedar derogadas. Si la noche de Samhain se celebraba  de modo figurado la muerte del sol y el inicio del invierno, la noche de Beltaine celebraba el triunfo del sol y la muerte definitiva del frío hasta la siguiente temporada.

El 21 de junio se fecha por el calendario actual el inicio del verano, aunque se celebra con fiestas la víspera del 24 de junio, la Noche de San Juan, noche mágica en la que se funden la fiesta religiosa con la celebración pagana. Ésta, junto con la noche de Samhain, puede considerarse la fiesta más importante en el calendario de las hadas.
Por toda Europa los campesinos festejaban esa noche encendiendo hogueras por los campos, celebrando de este modo la llegada del verano. Con este rito exorcizaban los malos espíritus y creían favorecer las cosechas.
Toda la acción de El Sueño de una noche de verano, de William Shakespeare, transcurre en la Noche de San Juan, por ello el mundo de las hadas y el de los hombres se mezcla creando confusión, como si ambos tuvieran la misma realidad y se dieran en el mismo plano.
Las noches previas al cambio de estación son las preferidas por las hadas para sus danzas, en pleno apogeo de sus poderes, cuando el velo que separa ambos mundos se difumina. La Noche de San Juan es la más propicia para encontrar un corro de hadas en el bosque.

La última gran fiesta del País de las Hadas se celebra el 1 de agosto, conocida como la noche de Lunasa. Como todas las fechas de las hadas es una celebración agraria. En este caso lo que se festeja es el final de las cosechas y el punto álgido del verano. Para los irlandeses la noche de Lunasa conmemoraba la victoria de los Tuatha de Danann sobre los Firbolgs, cuando el gran reino de las hadas venció a los gigantes que habitaban en Irlanda y se hizo con el dominio del territorio.

Las hadas celebran sus fiestas siempre del mismo modo. Los festejos dan comienzo la tarde anterior, con un gran desfile, y continúan hasta el amanecer. Por la tarde se inician los preparativos; las hadas preparan sus cortejos mágicos y se ponen sus mejores galas, sus vestidos de rasos y de  tules. Previamente arreglan sus corceles, los adornan con campanillas y con borlas de colores. Justo a la medianoche, en cuanto suenan las doce en  el reloj del pueblo, empieza la procesión.
 El orden suele estar establecido. Delante, con todos los honores, avanzan los reyes con su cortejo. Abre paso un estandarte y le sigue el grupo de caballeros a las órdenes del rey. Los grupos se distinguen por los colores; los caballeros van equipados del mismo color que el estandarte que les abre paso. Suenan las gaitas, los tambores. En primer lugar se vislumbra el estandarte rojo y su comitiva del mismo color, detrás le sigue el estandarte verde y sus caballeros, por último el estandarte blanco con el resto de los jinetes. Cierran el desfile las hadas y los cortesanos, que alegran el desfile con sus trajes de colores, esta vez sin orden. Unas avanzan a caballo, otras danzando a su alrededor. A estas procesiones se las conoce con el nombre de “correrías de hadas”.
Cuando finaliza el desfile, las hadas se reúnen en un círculo alrededor de la hierba, un círculo mágico que no deben traspasar los mortales, porque entrarían en el mundo de las hadas. En torno a este círculo bailan al son de las gaitas.
Si pasea una noche por el bosque y descubre a lo lejos unas lucecitas que tintinean como si estuvieran bailando, está usted asistiendo a un danza de hadas.