EL HADA DEL AVELLANO
Desde antiguo el avellano forma parte de la vida del hombre. Algunos fósiles hallados demuestran que la avellana era conocida por el hombre primitivo y documentos del siglo IV a.C. ya nos hablan de su cultivo.
Si para los celtas las avellanas concedían la sabiduría, tradicionalmente se le ha relacionado con la fertilidad. En los pueblos nórdicos, son frecuentes los relatos de mujeres que acuden al poder del avellano para quedarse embarazadas. Algunos pueblos usaban como receta mágica para aumentar la fertilidad el azotar a mujeres con ramas de avellanos o golpear a las vacas para que aumentaran su producción de leche. En muchos lugares, la avellana está muy presente en los actos de boda.
El hada que habita en este árbol es muy pequeñita, de unos cinco centímetros, y recorre sus ramas vestida con un trajecito de color tostado, del mismo color que la avellana. Es una hadita niña muy generosa, que comparte sus frutos con los animales del bosque y con todos los recogen sus frutos con moderación, sin embargo muestra su genio ante quienes empujan su árbol con la esperanza de que caigan sus frutos a cientos. Delicada, dulce y juguetona, se divierte tirando sus frutos cuando ve pasar a los niños.