HADAS QUE PODEMOS ENCONTRAR EN OTROS LUGARES

EN PALACIOS BAJO LAS COLINAS, LAS HADAS ARISTOCRÁTICAS

No muy diferente de los humanos, se presenta el mundo élfico. Siempre hay clases, inevitablemente, y distintas “preocupaciones” y ocupaciones. Hasta ahora hemos hablado de las hadas según el medio natural al que pertenecían. En los campos y bosques encontrábamos hadas sencillas, protectoras de su medio, vestidas con hojas, trajes verdes o simplemente desnudas. Algunas ayudando al hombre en el campo, otras protegiendo los bosques de él. En las aguas tranquilas de los lagos encontramos mujeres delicadas, dulces con los hombres, obedientes y sumisas. En las aguas turbulentas de ríos y arroyos encontramos hadas de armas tomar, bellezas demasiado atrayentes para los mortales que lo pagaban con su vida. El mar como un mundo insondable, desconocido y sugerente para el hombre, como sus mujeres. Y nos queda por conocer los palacios, la elegancia, el refinamiento.
Si la distinción se muestra por dentro y por fuera, no nos sorprenderá que éstas destaquen por su extraordinaria belleza, su estatura, su talento musical y su poder. Son un pueblo pacífico que habita en reinos subterráneos, en palacios bajo las colinas. Estas cortes se extienden por las colinas de Irlanda, Escocia y Gales. A las hadas aristocráticas de Irlanda se le conoce como Daoine Sidhe, en Escocia habitan los Sidh, y en Gales los Tylwyth Teg.

Cada palacio es gobernado por un rey, máxima autoridad, que tiene su propia corte y ejército. Los súbditos obedecen fielmente las órdenes del rey y, en ocasiones, son los encargados de traerles como esposa la mujer que él ha elegido, frecuentemente una hermosa mujer de carne y hueso.  Un cuento céltico narra la historia del granjero Guleesh que, sin darse cuenta, se ve envuelto en el rapto de una mujer para un rey élfico.

Un joven granjero se lamentaba del aburrimiento del lugar en el que vivía. Él soñaba con vivir aventuras, escapar de allí, porque sentía que sólo lo rodeaba una terrible mediocridad. Una noche, la noche de los Santos Difuntos, se ve sorprendido por unos seres que le preguntaron si quería acompañarlos a raptar a una joven. El granjero entusiasmado no dudó en seguirlos. Por el camino se interesó por la joven:
- Es la hija del rey de Francia, la princesa más bella que puedas conocer, y también la más triste, hoy la casan contra su voluntad con un príncipe al que odia.
Llegaron todos a la iglesia y ante el altar descubre a la hermosa joven, más bella de lo que pensaba. En mitad de la ceremonia uno de los duendes la toca, y la niña cae desplomada al suelo. Un instante después, y ante la mirada atónita, se vuelve invisible y desaparece.
- Cógela tú, Guleesh, que eres más fuerte y grande que nosotros.
Guleesh la tomó en sus brazos y la miraba con ternura, mientras que se decía:
- Pobre niña, triste destino el tuyo, te he robado a un marido que odias para entregarte a los duendes.
Y traicionándolos decide escapar con ella y huir a su pueblo, pero como sus intenciones eran buenas la lleva a casa del cura, al que le cuenta su historia y le pide protección y silencio. Cada día el joven va a visitar al cura, quien cuida de la princesa como si fuera su hija, pero la niña, aunque va recuperando la alegría, nunca ha recuperado la voz. El joven se contenta con su mirada, con sus gestos, con sus guiños, y se entienden hablando un mismo lenguaje. Así pasan los días, y los meses, y hasta pasa un año. Un año después, la noche de los Santos Difuntos, mientras duerme el granjero oye unos susurros en el campo, “en la puerta de tu casa crecen unas hierbas milagrosas, arráncalas y verás lo que ocurre” El joven no quiere esperar, se levanta rápido y se acerca a su puerta, ve las hierbas, las arranca, las hierve y hace una infusión con ellas. De mañana, acude nervioso a la casa del cura. Sonríe a la niña y con un gesto le pide que beba. A medida que la niña va dando pequeños sorbos va notando como una especie de vértigo hasta que cae dormida. Guleesh la mira impaciente, esperando que despierte.
- ¿Cómo te encuentras, princesa?
- Como si me levantara de un enorme letargo. Te veo como si te conociera de toda la vida pero te viera por primera vez, es muy extraño.
Y cuentan por ahí que los jóvenes decidieron ir juntos a la corte del rey de Francia, que se puso muy contento cuando vio de nuevo a su hija. Cuentan que ya no le importó con quién se casara princesa, si con eso era feliz, y cuentan que se casaron, que vivieron muchos años y siempre fueron felices

Muchos relatos hablan de los raptos de jóvenes mortales por parte de los duendes para satisfacer a un rey élfico. Aunque no siempre es un rapto. En ocasiones el rey las sumerge con su música en una especie de sueño, haciendo que olviden su vida anterior y se rinden a su encanto; otras veces las conquista con su encanto y las mujeres van por su propia voluntad. (...)

Las hadas aristocráticas son más altas y bellas que las rurales, y también las diferencia su vestuario. En los desfiles se puede apreciar cientos de corceles montados por estas bellas mujeres, todas con refinados ropajes y el pelo adornado de flores y joyas. Emplean su tiempo en los desfiles y ceremonias, cazando, cabalgando o jugando al ajedrez, juego en el que las hadas aristocráticas son muy habilidosas. A este pueblo, sobre todo a los Sidh de Escocia, les gusta retar a los humanos a torneos de tres partidas de ajedrez. En estas partidas siempre hay apuestas. En las dos primeras partidas siempre se dejan vencer para dar confianza al mortal y para así aumentar el premio del torneo, en la tercera el mortal convencido de su victoria se lo juega todo, terminando en manos de su adversario.

Igual de elegantes se muestran en su conductas. La convivencia con los humanos es “relativamente” pacífica. Si un humano tiene la suerte de asistir a uno de sus desfiles, no corren el peligro de perecer como ocurre con otras. Si, por ejemplo, las hadas del río atraían a los hombres al agua para ahogarlos, las hadas aristocráticas prefieren demostrar su dominio venciéndoles al ajedrez y así satisfacen sus caprichos. Aunque suelen ir en grupo, como en los desfiles y cazas, individualmente visitan a los mortales como amantes. En estas relaciones siempre hay algo de fascinación y temor, lo que aumenta aún más la atracción. Los mortales no siempre pueden (o quieren) negarse a estas bellas y distinguidas mujeres, de piel blanca, ojos claros y dotadas de encanto y poderes, aunque su contacto los pueda hacer enfermar o enloquecer. Sobre todo, hay que tener precaución el primero de mayo y la víspera de Todos los Santos, cuando salen de sus palacios a la superficie.                                      

En el mundo de las hadas hay que extremar el cuidado de dos seres, la Reina Maeve o Mab, de gran belleza, y de su Bufón Amadán-na-Breena. Dicen que mirar a la Reina es peligroso, pero más aún que te toque, porque si te toca nunca podrás recuperarte. Siempre es peligroso que te toque un ser del Otro Mundo, pero hay conjuros para quedar liberado, pero si te toca la Reina o su Bufón no hay sortilegio posible. El mes de Junio es especialmente peligroso, porque durante ese mes Amadán-na-Breena sale a la superficie e intenta tocar a cuantos mortales puede, hasta hacerles perder el juicio. Para protegerte de esta raza nada mejor que usar objetos religiosos (y a falta de uno puede servir una tijera de hierro abierta en forma de cruz) y la sal, remedio que los mantiene alejados.

 

DE DÍA ENTRE LAS NUBES, LA TEMIDA SLUAGH

Se conoce como “la Hueste” o “la Sluagh” a un conjunto de hadas agrupadas malignas para el hombre. La hueste la forman los muertos no perdonados, los espíritus de personas que han fallecido. Siempre van en grupo, aunque eso no quiere decir que se lleven bien, porque sólo conocen el odio. Como no fueron perdonadas sólo desean hacer daño al hombre y al resto de los animales, a los que matan con sus dardos venenosos. Durante el día dicen que se encuentran entre las nubes, aunque no pueden sobrepasarlas, pero de noche bajan a la tierra y caminan por el suelo, principalmente entre los bosques. Cuando están en el suelo sólo disfrutan haciendo el mal, hieren a los animales y maltratan a los seres humanos, a los que intentar convencer para que den muerte a otros hombres. Hay quienes dicen que libran batallas entre ellas en el aire y, en una noche silenciosa, es posible oír los gritos y los golpes. Al día siguiente la sangre en las piedras es testimonio de esta lucha.       
No pretendo con mi siguiente comentario negar la existencia de la Hueste, sino reflexionar sobre ello. Al principio del libro dije que en muchos casos parece que los hombres se escudan o recurren a las hadas cuando no tienen respuesta para algo. No deja de ser una excusa decir que has matado a alguien porque un hada te convenció, o acusar directamente a un hada cuando encuentras un animalito herido o muerto en el bosque. Los humanos “deberíamos” ser lo suficientemente responsables como para asumir nuestras culpas y no señalar a otros como excusa, y me incluyo en esta crítica, o a lo mejor me estoy equivocando y realmente detrás de todo mal se encuentra la Hueste. Juzguen ustedes.

En España también tenemos algo parecido a la Hueste. Digo parecido porque aquí no consideramos que sean hadas malas, sino sólo muertos que salen cada noche en procesión por los bosques. En Asturias se le conoce como la Huestia, en Galicia como la Santa Compaña.
Según una tradición gallega, probablemente de origen celta, el cortejo de la Santa Compaña lo componen los espectros de los muertos que  salen cada noche sobre las doce, alumbrados cada uno con una tea encendida y partiendo de una iglesia inician su recorrido. En algunas versiones, delante de la Huestia va un cristiano acompañándola portando una cruz y, para librarse de ella, debe esperar a que otro cristiano se cruce en su camino, entonces entregará a éste la cruz que llevará durante el resto de su vida, a no ser que se cruce con otro. Se dice que salen a visitar a los vivos y a anunciarles que en menos de un año les llegará la muerte. Los mortales temen encontrarse con ella por miedo de que sean los elegidos. En otras versiones, el personaje que precede a todo el cortejo fúnebre se denomina Estadía, y es una representación de la Muerte.

Una película española que recrea de modo encantador las creencias populares sobre la Santa Compaña es El bosque animado, protagonizada por Alfredo Landa y dirigida por José Luis Cuerda, según guión de Rafael Azcona y basado en el libro de Wenceslado Fernández Flórez del mismo título. En esta película no falta ningún componente de la Huestia: todos los vecinos saben que cada noche una procesión de muertos, la Santa Compaña, atraviesa el bosque, acompañados por una lucecita y envueltos en una espesa niebla. El contrapunto a la tensión dramática lo pone el personaje de Alfredo Landa, Malvís, un pobre hombre que pretende  “ganarse la vida” asaltando a los viandantes que se adentran en el bosque, haciendose pasar por un terrible bandido, Fendetesta. Como compañeros de aventuras le acompañan un alma en pena, que busca inútilmente a un mortal que cumpla la promesa que hizo de vivo, y Geraldo, un pocero cojo y frustrado enamorado de Hermelinda, una joven del pueblo. Este drama rural está salpicado de toques de humor que vienen a quitar hierro a la dura existencia de muchos de los vecinos, que apenas saben qué hacer para sobrevivir. En un diálogo de la película la definición de la Santa Compaña es perfecta:

“La Santa Compaña son ánimas del purgatorio, son las almas de los muertos de la parroquia. Salen en procesión al cementerio por la noche por los campos. Delante va un mortal, con una cruz, el candil de agua bendita y el hisopo. Si se encuentra con un mortal le da la cruz y así queda libre. Salen para anunciar con un año de adelanto la muerte. El que la recibe tiene que salir todos los días de su vida con la Santa Compaña”.
Y si tienen ocasión, no se pierdan esta magnífica película premiada con cinco Goyas.