HADAS FAMOSAS
Queridas hadas:
No es mi intención en este punto herir la sensibilidad de ninguna de vosotras afirmando que unas sois más importantes que otras, porque para mí todas sois iguales. Pero ocurre, y yo no tengo la culpa de ello, que algunas de vosotras sois más conocidas por la opinión popular. Tampoco quiero que ninguna se ofenda por el orden que escojo al enumeraros. Para evitar cualquier preferencia recurro a un orden alfabético, pero tampoco tengo yo la culpa de que unas letras vayan antes que otras. Espero que seáis comprensivas conmigo y os ruego que me ayudéis para hablar de vosotras lo mejor que sé.
La ninfa CALIPSO y las mentiras de la historia
La anciana HABETROT y las jóvenes desconsoladas
MAB, la Reina de las hadas
MELUSINA o la historia de una maldición familiar
MORGANA y los cotilleos de la corte
La ninfa CALIPSO y las mentiras de la historia Ir arriba
Fue Kundera, en su libro La Ignorancia, quien me puso tras la pista de esta ninfa. Se llamaba Calipso y durante siete años fue la ninfa-amante de Ulises. La historia de este gran amor nos la relató Homero en su Odisea.
Cuentan que Calipso vivía sola en la mítica isla de Ogigia, en el mar Jónico, y que cuando Odiseo (o Ulises) naufragó en esta isla, la joven se enamoró perdidamente de él y lo retuvo prisionero.
La Odisea de Homero narra el regreso del héroe Odiseo de la guerra de Troya. El relato abarca diez años de viaje, repleto de aventuras y peligros. Uno de los obstáculos más difíciles de superar fue el encuentro con Calipso, que intentó por todos los medios que no pudiera regresar a Ítaca, su ciudad natal. Zeus, conmovido por la situación de Odiseo, que gemía suplicando poder volver a Ítaca, decidió enviar al mensajero Hermes con la orden de que Calipso liberara a Odiseo.
Canto V de la Odisea. Diálogo entre Hermes y Calipso, cuando Hermes le transmite la orden de Zeus de liberar a Odiseo:
H: “ (...) Pero no le es posible a ningún dios rebasar o dejar sin cumplir la voluntad de Zeus, el que lleva la égida. Dice que se encuentra contigo un varón, el más desgraciado de cuantos lucharon durante nueve años en derredor de la ciudad de Príamo. (...) Ahora te ordena que lo devuelvas lo antes posible, que su destino no es morir lejos de los suyos, sino ver a los suyos y regresar a su casa de elevado techo y a su patria. (...)
C: “Sois crueles, dioses, y envidiosos más que nadie, (...) Yo lo salvé, que Zeus le destrozó la rápida nave arrojándole el brillante rayo (...). Yo lo traté como amigo y lo alimenté y le prometía hacerlo inmortal y sin vejez para siempre. Pero puesto que no es posible a ningún dios rebasar ni dejar sin cumplir la voluntad de Zeus, el que lleva la égida, que se vaya por el mar estéril (...).
Tampoco se olvida Homero del dolor de Odiseo:
“Lo encontró sentado en la orilla. No se habían secado sus ojos del llanto, y su dulce vida se consumía añorando el regreso, puesto que ya no le agradaba la ninfa, aunque pasaba las noches por la fuerza en la cóncava cueva junto a la que lo amaba sin que él la amara.(...)”
La ninfa, una vez escuchada la orden, se acerca al desdichado Ulises y le dice que no se lamente, que lo dejará libre, pero eso sí, le dará alimentos y consejos para que pueda regresar a Ítaca sano y salvo.
Así de enamorada estaba Calipso de Odiseo. Le prometió la inmortalidad, la juventud eterna si se quedaba con ella y cuentan también que murió de tristeza cuando Ulises partió para siempre. Ya sabemos que los amores entre mortales y hadas no son amores normales. Son amores trágicos, apasionados, en los que la entrega es absoluta, por eso la separación es tan dolorosa.
No fue Calipso una ninfa cualquiera. Era ninfa del mar e hija del Titán Atlas, y tan hermosa, que el propio Odiseo le confiesa que en belleza y virtudes es superior a Penélope, pero que es a ésta a quien quiere.
El amor no atiende a razones, y Calipso no lo entendía. Dicen que el amor de Calipso era desmedido. Cuentan que lloraba amargamente mientras veía a Odiseo huir en la balsa, y tanto sufrió que murió poco después de su partida. No pudo soportar la tristeza.
Estoy de acuerdo con Kundera en que la historia no ha hecho justicia con Calipso. ¿Por qué se sobrevalora y es por todos conocido la larga espera de Penélope y se desprecia el amor de Calipso, que no soportó vivir sin él? ¿Cuál de las dos demostró que estaba verdaderamente enamorada, Penélope que sólo tuvo que tejer y dejarse cortejar sin ceder, o Calipso, que le prometió la inmortalidad y murió de tristeza por su partida?
Ya conocemos la historia de los amores de hadas y mortales, tempestuosos y desgraciados. Calipso sólo fue una víctima más y, además, maltratada por la historia.
La anciana HABETROT y las jóvenes desconsoladas Ir arriba
Hablar de hadas famosas y no incluir a la anciana Habetrot sería un hecho imperdonable, porque olvidaríamos a la protagonista de muchísimos relatos. A diferencia de la mayoría de las hadas, Habetrot es un hada viejecita, de pelo canoso y desaliñado, de labio largo y deforme y nariz prominente. No penséis por su descripción que se trata de una bruja, basta oírla para saber que estamos ante una de las hadas más tiernas y bondadosas con el ser humano.
Creo que nos sorprendería si pudiéramos ver el mundo que las hadas han creado bajo tierra, porque es allí, en el interior de una cueva, donde Habetrot tiene montada una hilandería junto con otras viejecitas. Al mando de todas ellas se encuentra Habetrot, la hada protectora de la hilandería. Hace años que dedican sus horas a este arte manual y por eso tienen algunos defectos. Algunas tienen el labio deforme, como la vieja Habetrot, de tanto lamer la hebra para hilar; otras los dedos torcidos, los pies enormes de pisar la rueca o el pulgar achatado. El hombre se cree muy moderno porque descubrió el trabajo en cadena, pero ¿se imaginan hace cuánto tiempo que funciona esta hilandería con esta técnica?
El mérito de esta hilandería, aparte de la calidad de su trabajo, es que dedican parte de su tiempo a ayudar a los mortales, sobre todo a las doncellas torpes con la rueca que no quieren hilar. Antes las madres se empeñaban en enseñar a las hijas a hilar, cocinar y otros trabajos “supuestamente” femeninos. Por aquellos tiempos nuestras hilanderas no daban abasto, ante el agobio de las hijas. Supongo que ahora, con el cambio de la mujer en la sociedad, tendrán menos trabajo, porque ya ninguna joven se molesta en aprender a coser, tejer o hilar. Ahora compras la ropa hecha y si tu marido te pide que le cosas un botón le convences de que no eres su criada. ¡Cómo han cambiado los tiempos, Dios mío! La mayoría de los relatos sobre nuestras amigas se escribieron mucho antes de que la mujer supiera lo que es la “buena” vida moderna, es decir, hacer las mismas cosas que antes en la casa pero trabajando en la calle.
Pues bien, cuando antaño las madres se empeñaban en que sus hijas aprendieran y éstas demostraban ser unas inútiles, las jóvenes invocaban a esta hada para que viniera en su ayuda. Por si alguna joven está leyendo esto y necesita de su ayuda, que sepa que los mejores días para invocarla son los 14 y 21 de cada mes, cuando sale a la superficie. Para ello deberás sentarte sobre una piedra agujereada, pronunciar su nombre, Habetrot, y pronto aparecerá esta hada a preguntarte por qué la necesitas.
Dicen que esta hada otorga dos virtudes, la paciencia en el trabajo artesanal y precisión en la labor. Cuando concede estas virtudes a una joven y ésta es tan torpe que ni así aprende, se rinde, coge las madejas de lino y las lleva a su cueva, donde las viejas hilanderas trabajan para ella.
En todos los cuentos en los que interviene Habetrot hay siempre un punto en común, una joven doncella que no sabe hilar y necesita esta cualidad para casarse. Me he preguntado leyendo estos relatos por qué precisamente ayudan a las jóvenes casaderas. Creo que el motivo es que las hilanderas de Habetrot son viejecitas que no encontraron de jóvenes maridos por no saber hilar, con el tiempo aprendieron y ahora se dedican a ayudar a jovencitas en su situación. Ésta es una teoría mía sin fundamento, pero no me parece tan descabellada.
Entre los relatos que hablan de hilanderas que ayudan a jovencitas, los hermanos Grimm escribieron uno, Las tres hilanderas. Recordemos el cuento de Grim, y como siempre, aconsejo leer al maestro.
Hace ya muchos años, aunque todavía todos recuerdan esta historia, una madre intentaba todos los días que su hija aprendiera a hilar, pero ésta no quería. Los gritos de la madre y la rebeldía de la hija se escuchaban a diario, hasta que un día, cansada la madre de la pereza de su hija, le dio una bofetada. La joven gritó y se puso a llorar, en parte porque le dolía y en parte de la rabia que sentía por tener que aprender algo que no quería. Dicen que quiso la casualidad que pasara por allí la reina, que paró su carroza para saber de dónde venían el griterío. La madre se sentía avergonzada y mintió a la Reina para que no supieran todos lo haragana que era su hija, diciéndole que el motivo de su llanto era que quería hilar todo el día, pero ella era tan pobre que no podía comprarle el lino necesario para su afición. La reina sintió pena de la joven y le dijo que no se preocupara, que la llevaba con ella a palacio y allí podría hilar todo lo que quisiera.
La madre sonreía llena de orgullo, pero la hija agachó la cabeza y aguantaba las lágrimas. En silencio acompañó a la Reina y, en cuanto llegaron a palacio, la Reina la llevó a uno de los aposentos. Una montaña de lino cubría la habitación entera.
- Mira cuánto lino, hija mía. Si hilas todo lo que hay en esta habitación y demuestras ser tan hacendosa como dicen, te daré a mi hijo por esposo, porque no hay mejor esposa para un príncipe que una mujer laboriosa y obediente.
La niña calló ante la Reina, pero cuando ésta cerró la puerta empezó un llanto amargo que nadie pudo consolar. Tres días estuvo llorando. Todos los días la Reina se asomaba a ver el trabajo, y ésta le contestaba que no podía trabajar todavía, que echaba de menos a su madre. Al finalizar el tercer día se asomó a la ventana, tres ancianas muy peculiares pasaban por debajo de su ventana. Una tenía el labio colgando, la otra el pulgar gordo y deforme, la tercera andaba dando traspiés porque uno de sus pies era ancho y plano.
- ¿Por qué lloras, niña, no sabes que las lágrimas estropean el rostro?
Y les contó su desgracia. Las ancianas se miraron y se ofrecieron a ayudar a la joven. Ellas le prometieron hilar todo el lino por ella, pero a cambio debía invitarlas a su boda. La joven prometió cumplir la promesa. Y en unos minutos ya estaban hilando las tres ancianas. Las madejas empezaban a tomar forma una tras otra, todas perfectamente extendidas y esponjosas. Cuando terminaron la doncella llamó a la Reina, que miró maravillada el trabajo de la niña. En pocos días organizaron la boda, y si contenta estaba la Reina más contento estaba el joven príncipe al ver a una joven tan hacendosa.
- Me casaré contigo, pero tienes que dejarme invitar a unas primas mías que me criaron de pequeña a las que le debo esta cualidad que tengo.
Y así se hizo. Dicen que la joven iba preciosa con su traje blanco, su larga cola y un velo bordado cubriendo su cara. Y también aparecieron las tres ancianas, vestidas con sus mejores galas.
- Venid, primas mías, que os voy a presentar a mi marido.
El príncipe las miraba sorprendido de lo feas que eran. Les saludó educadamente y les preguntó:
- ¿Por qué os cuelga tanto el labio?
- Es de tanto lamer la hebra. Como tu joven esposa, también a mí me gusta mucho hilar.
- ¿Y por qué tenéis un pie tan ancho?
- De tanto girar el torno, a mí también me gusta mucho hilar.
- ¿Y por qué tenéis el pulgar tan achatado?
- Yo me encargo de torcer el hilo. Hilar es la pasión de nuestra familia.
El joven príncipe miró a su esposa. Vio lo hermosa que era y se la imaginó con el labio torcido, el pulgar achatado y el pie plano, y entonces dijo:
- Amada mía, nunca más volverás a tocar una rueca.
Y dicen que fueron felices toda su vida.
De todas las literaturas, la Literatura Inglesa es la que más páginas ha dedicado a esta pequeña pero importante hada. No se nos escapa que probablemente su existencia es una creación de la mitología inglesa, pero a lo mejor sí que existió. Durante los siglos XVI y XVII no había poeta inglés que no cantara a esta hada, considerándola Reina de las Hadas.
No es de extrañar que los poetas se fijaran en la Reina Mab, dada la descripción que nos hacen de ella: pequeña, montada en un carro de una sola perla, llevada por insectos con alas de pedrería, portadora de sueños. ¡Con lo que les gusta a los poetas las imágenes coloristas!
Los que la defienden cuentan de ella que hace soñar al ser humano, que les trae la esperanza y la felicidad. Dicen que tiene un velo azul en su carro, el velo de los sueños, y que cuando un mortal sufre lo cubre con su velo. De este modo el mortal olvida sus males y recupera la alegría y la esperanza. Pero también tiene detractores.
En Romeo y Julieta, Mercucio se dirige a Romeo hablando de ella con desprecio. Para Mercucio confunde a los mortales con sus sueños, es una vulgar celestina que enamora a las jóvenes, echándolas en brazos de los hombres, haciendo que pierdan su virtud. A ella culpa del amor que siente Romeo por Julieta.
Escena IV del acto I de Romeo y Julieta. Mercucio dice a Romeo:
“Ah, ya veo entonces que la Reina Mab ha estado contigo. Es la partera de las hadas, y viene en tamaño no mayor que una piedra de ágata en el dedo índice de un concejal, arrastrada por un tronco de pequeños átomos, entrando por la nariz de los hombres, mientras duermen; los radios de su coche están hechos de largas patas de araña; la capota, de alas de saltamontes; las riendas, de la más fina telaraña; las colleras de los acuáticos fulgores de la luna; su látigo, de hueso de grillo; su cochero es un pequeño mosquito de librea gris, (...). Y con tales arreos galopa noche tras noche por cerebros de enamorados, que entonces sueñan con el amor; (...) por labios de damas, que sueñan besos en seguida, y a las que a menudo la iracunda Mab aflige con ampollas, (...). Ésa es la misma Mab que trenza de noche las crines de los caballos, amasando los rizos de los duendes en numerosos sucios y pringosos, que al ser deshechos presagian muchas desgracias; ésta es la bruja que, cuando las doncellas están tendidas de espaldas, las oprime y las enseña a concebir, haciéndolas mujeres de buen concepto; ésa es.”
Pero el autor que mejor descripción nos ha dejado de ella ha sido Rubén Darío, que le dedica un cuento y un poema, La copa de las hadas. En su libro Azul, en su cuento El vuelo de la Reina Mab, nos detalla las características de esta pequeña hada y sus poderes.
“La reina Mab, en su carro hecho de una sola perla, tirado por cuatro coleópteros de petos dorados y alas de pedrería, caminando sobre un rayo de sol, se coló por la ventana de una buhardilla donde estaban cuatro hombres flacos, barbudos e impertinentes, lamentándose como unos desdichados. (...)
(...) Entonces, la reina Mab, del fondo de su carro hecho de una sola perla, tomó un velo azul, casi impalpable, como formado de suspiros, o de miradas de ángeles rubios y pensativos. Y aquel velo era el velo de los sueños, de los dulces sueños, que hacen ver la vida del color de rosa. Y con él envolvió a los cuatro hombres flacos, barbudos e impertinentes. Los cuales cesaron de estar tristes, porque penetró en su pecho la esperanza, y en su cabeza el sol alegre, con el diablillo de la vanidad, que consuela en sus profundas decepciones a los pobres artistas.(...)”
En una de las ediciones de Azul, en una nota, Rubén Darío reconoce que estaba leyendo este acto de Romeo y Julieta cuando le vino la inspiración. La Reina Mab era un motivo literario muy plástico que le permitía dejar volar su imaginación. Deslumbrado por las imágenes de Shakespeare se atrevió con un poema en prosa, persiguiendo el ritmo y la sonoridad verbal. El resultado fue este libro de pequeños cuentos líricos, prosa poética, descubrimiento de este brillante modernista. Por si queréis leer este cuento completo, se llama El vuelo de la Reina Mab, de su libro Azul. De todos modos aconsejo el libro entero.
MELUSINA o la historia de una maldición familiar Ir arriba
Aunque en 1392 apareció la primera versión escrita sobre la leyenda de Melusina, el Roman de Melusin o Historia de la dulce Melusina, compuesto por Jean d`Arras, escritor culto del s. XIV, la Historia de Melusina ya era conocida por la tradición popular antes de esta época. Jean d`Arras sólo recopiló distintas versiones y escribió su propia historia.
La leyenda de Melusina narra la tragedia de una bondadosa hada que, por culpa de una maldición familiar, los sábados se convierte en serpiente. La crueldad de este maleficio añadía una condición: si su marido la veía durante la transformación, quedaría convertida en serpiente hasta el fin de sus días.
Pero la tragedia de Melusina comenzó muchos años antes de que ella naciera:
Cuenta la leyenda que el rey Elinas de Albión perdió a su mujer muy joven, y nada podía consolarlo. Para intentar olvidar su soledad salía cada mañana a cazar sin ninguna compañía. Un día, a mitad de la jornada, llevado por el cansancio se acercó a una fuente a beber. Una bella mujer de cabellos rubios y piel blanca estaba sentada en el borde de la fuente. La joven se llamaba Pressina y era un hada de buen corazón. Cuentan que el rey, nada más verla, quedó impresionado de la belleza de la joven y le pidió que se casara con ella.
- Me casaré contigo, noble caballero, pero tienes que prometerme una cosa. Nunca podrás verme en el momento de dar a luz, porque entonces me veré obligada a dejar tu presencia.
- Así lo haré, amada mía.
Y cuentan que se casaron y fueron muy felices. Llevaban muy poco tiempo de casados cuando ella quedó en estado, y el día del parto avisaron las doncellas al rey de que su mujer estaba dando a luz a tres hermosas niñas. El padre, llevado por la emoción, entró en la alcoba ante la sorpresa de su amada. En ese momento desaparecieron las cuatro, el hada Pressina y sus tres hijas: Melior, Palestina y Melusina, que se refugiaron en la Isla de Avalón.
Crecieron las niñas sabiendo que vivían pobremente allí cuando podían ser princesas, si no hubiera sido por el descuido de su padre, y desde muy pequeñas reprocharon a su padre el error que cometió.
Con los años este sentimiento se fue convirtiendo en odio y querían venganza. Incitadas por Melusina, las tres hermanas aprovecharon un descuido para encerrar a su padre en el Monte Braudelois, de donde no pudo salir. Cuando la madre supo lo que sus hijas habían hecho con el hombre que ella tanto había amado les echó una maldición. Melior fue encerrada en un castillo, condenada hasta el fin de sus días a proteger a un gavilán prodigioso, pero a pesar del encierro conservaba su belleza. Palestina no podía salir de una cueva en el condado de Barcelona. A Melusina le tocó la peor parte, la convirtió en serpiente de cintura para abajo y le dijo:
- Y tú, Melusina, por ser la instigadora del crimen cometido contra tu padre, tendrás que cuidar toda tu vida de la fuente sagrada. Puedes vivir si quieres como mortal, pero eso sí, todos los sábados la mitad de tu cuerpo se convertirá en serpiente, para que nunca olvides el mal que has hecho contra tu progenitor. Y podrás casarte si quieres, pero nunca podrá tu marido verte mientras estés en ese estado. Si alguna vez rompe esta condición deberás abandonarlo al instante y pasarás el resto de tus días convertida en serpiente.
Aquí termina la historia de Pressina, pero comienza la de Melusina.
Años después, un joven conde pasaba cerca de la fuente cuando vio a una hermosa joven que jugaba con el agua. Parece que repitiendo la misma historia de sus padres, el conde Raymodin de Lusignan y Melusina se enamoraron. Cuando el conde la pidió en matrimonio, Melusina, como su madre muchos años antes, puso a su enamorado una condición: sería una buena esposa, pero sólo le pedía un favor, los sábados debía dejar que se bañara sola, aunque todos murmuraran por su extraña costumbre. El marido, que pensaba que aquello era una manía nada difícil de cumplir, le prometió la noche antes de su boda que sería como ella pedía.
Y así fue, y se casaron y fueron muy felices. Tuvieron tres hijos muy hermosos, aunque de piel casi transparente. Melusina era ejemplo de buena madre y esposa, siempre dispuesta a ayudar a su marido. Durante años el marido respetó sin rechistar la manía de su mujer, y cada sábado Melusina puntualmente corría a esconderse en la torre del castillo, y allí veía entre lágrimas cómo su hermoso cuerpo se cubría de escamas.
Pero las malas lenguas nunca descansan y los rumores corrían por palacio. Fueron los criados los primeros en murmurar sobre la extraña conducta de su señora, e incluso hubo quien insinuó que a saber qué escondía en la torre, quizás un amante. Y todos se reían de los supuestos adornos del marido.
El marido conocía a su mujer mejor que nadie, y sabía que en su corazón todo lo que había era bueno, pero empezaron a incomodarle los comentarios. Cada sábado iba aumentando su duda y la intranquilidad. Un sábado, llevado por la desconfianza, entreabrió la puerta de la torre para ver a su mujer. Una larga cola de serpiente cubría el cuerpo de su esposa, pero no sólo eso, sus ojos eran de fuego y sus manos unas garras. No pudo evitar emitir un grito. La mujer lo miró tristemente, levantó unas alas que su marido nunca le había visto y escapó por la ventana para siempre. El conde se reprochaba su curiosidad y falta de confianza, y lamentaba haberse dejado llevar por murmuraciones en lugar de confiar en la que siempre fue honesta con él.
Cuentan que desde entonces el conde sufría en la soledad del castillo, aunque tenía todavía a sus hijos. Todas las mañanas iba a despertarlos con todo amor, pero siempre estaban ya levantados, vestidos y perfumados. Ellos decían que era su madre, que cada mañana iba a darles el beso de buenos días y vestirlos. Dice la leyenda que no faltó ni un solo día a la cita, hasta que los hijos no la necesitaron más. Y cuentan que el conde, aunque lo intentaba, nunca pudo volver a ver a su mujer, y aunque lloraba a menudo suplicando su regreso ella nunca volvió. También hay voces que afirman que cada vez que muere alguien de la familia en palacio, aparece una serpiente alada que da vueltas por los balcones. Pero esto último sólo son murmuraciones.
MORGANA y los cotilleos de la corte Ir arriba
A veces la Historia es muy injusta, ya lo sabemos, pero con la pobre Morgana se cebaron todos los escritores medievales sólo para exaltar la figura del mítico rey Arturo. Es cierto que para enaltecer a un héroe nada mejor que relatar sus infortunios: Ginebra, su esposa, le traicionó con su “fiel” caballero Lancelot; el hada Morgana le retuvo prisionero en la Isla de Avalón; su sobrino Mordered fue el instigador de una rebelión contra él; incluso dicen que embrujaron a su espada Excalibur. ¡Cuánta desgracia en la vida de tan noble caballero! Puede que sea verdad que tuviera una vida un tanto desafortunada o azarosa, pero no por ello creo que fuera justo que para exaltar al rey Arturo se cambiara la leyenda de Morgana, que en unos siglos pasó de ser una buena hada que lo rescata de un naufragio a una bruja promiscua y malévola que atenta en todo momento contra su vida.
Cuentan que, en su origen, Morgana era un hada del mar. Precisamente de ahí viene su nombre, Muirgein, que significa “nacida del mar”. Nació del mar, como cuentan las distintas versiones, y se sabe que vivió en la corte del rey Arturo y que años más tarde se trasladó a la Isla de Avalon, isla mítica en el mundo de las hadas.
Ahora empieza un verdadero relato de conjeturas y contradicciones.
Sabemos que a las órdenes del rey Arturo formaban la corte los doce caballeros de la Tabla Redonda, precisamente redonda para no destacar en importancia a ninguno de sus nobles. También conocemos el nombre de su mujer, la hermosa Ginebra, rubia y tremendamente cristiana, que con el paso de los años le fue infiel con el caballero Lancelot o Lanzarote. La infidelidad de Ginebra no se sabe a ciencia cierta. Parece que no ofrece duda que Lancelot estaba perdidamente enamorado de ella, y que Ginebra le correspondía en sentimientos, pero mientras algunos defienden que este amor sólo fue platónico, otros opinan que Ginebra le correspondió con alguna otra parte de su cuerpo. Tres nombres más conforman la leyenda, Excalibur, su espada; Merlín, el sabio consejero del Rey; y Morgana, nuestra protagonista.
Aunque en un poema del siglo VII aparece la primera referencia al rey Arturo y en los siglos IX y X se escriben unos cuentos en latín sobre él, no será hasta el siglo XII cuando se escriba la primera narración artúrica extensa. En este siglo abundan en Francia las narraciones relacionadas con el rey Arturo, que se conocerán como “ciclo Bretón”, y de este país se extendieron a Inglaterra, Gales o Irlanda. A medida que avanzaban los siglos nuevos personajes y aventuras se iban añadiendo a su leyenda, al igual que se modificaba la naturaleza de sus personajes.
La fantasía popular, el deseo de crear un héroe, fue añadiendo elementos truculentos a la historia, que ganaba en acción, pero convirtió el relato del rey Arturo en una historia llena de cabos sueltos.
Se sabe que el rey y Morgana guardaban entre sí cierto parentesco, unos mantienen que eran hermanos, otros hermanastros. Este hecho en apariencia sin importancia, puede ser fundamental ante la sospecha de que pudieron tener un hijo juntos. Nadie duda de que Morgana tuvo un hijo, Sir Mordered, pero tampoco queda claro quién era su padre. Algunas fuentes apuntan que era hijo del mismísimo rey Arturo, fruto de una relación incestuosa, y que por eso, al quedarse embarazada, abandonó la corte y se refugió en la Isla de Avalon. El odio que sentía Sir Mordered hacia el rey Arturo, que le llevó a protagonizar una rebelión contra él y fue artífice de su muerte, parece confirmarnos su origen. Para otros Sir Mordered no era hijo del rey, sino su sobrino, y no reclamaba lo que era suyo como hijo natural, sino que lo hizo por ambición.
Nunca faltan las malas lenguas cuando se trata de mujeres, y contaron algunos chismosos que Morgana tuvo varios amantes, entre ellos Sir Guindomar, otro posible padre para su hijo. Para quienes contaron esta historia éste fue el verdadero motivo de que Morgana abandonara la corte y se refugiara en la isla, donde fue a parar el rey para morir.
En los primeros poemas en verso el papel del hada Morgana era muy menor: una hermosa y morena hada que ayudó al rey cuando éste llego en barco a las aguas de la ista de Avalon, herido de muerte en la batalla contra Sir Mordered. Con el transcurso del ciclo artúrico la personalidad del hada Morgana se complica. Cuentan que odiaba a Ginebra, y que, llevada por el odio, le confesó al rey que su mujer le era infiel. No sabemos si Ginebra era infiel, pero sí que esta confesión de Morgana fue para hacer daño al rey y desacreditar a su mujer y a los caballeros de la corte.
La relación con el sabio Merlín también es muy confusa. Si en algunos relatos el mago y ella mantuvieron relaciones y le enseñó necromancia, por eso Morgana sabía brujería, en otros el sabio conocía las astucias de Morgana y la odiaba. Entre las múltiples acusaciones que recibió Morgana se llegó a decir que le robó al rey su espada y que la embrujó, aunque no le sirvió de nada porque fue descubierta.
Pero entre tantas sospechas, calumnias y rumores, lo único que sabemos de verdad es que cuando el rey fue llevado herido a la Isla de Avalon, tres hadas llorosas y encapuchadas de negro lo recibieron con todo mimo: Morgana o Morgan le Fay, como se le conocía; Nínive, el hada encargada de educar a Lanzarote y que sedujo a Merlín para arrebatarle sus conocimientos; y Elaine de Corbenic, que engañó a Lanzarote para llevarlo a su cama y con quien tuvo a Galahad, el único caballero que alcanzó la posesión del Grial.
Es posible que el lector conozca muchísimas versiones sobre Morgana y piense que mi interpretación es errónea, pero no, hay tantas historias que cualquiera puede ser verdadera. Son sólo teorías. Cuando empecé la historia de Morgana no pensaba contarles la verdad sobre su vida, porque nadie la sabe, sólo me planteaba que conocieran otras posibles “verdades”.
En cine no faltan las versiones sobre la vida del rey Arturo, y nunca falta Morgana. En Los Caballeros del Rey Arturo, aunque Ginebra era rubia y Morgana morena, encontramos a una bella y morena Ginebra, y a una rubia y astuta Morgana. La historia entre Ginebra y Lancelot es totalmente platónica, de un amor puro y una fiel Ginebra como protagonista, aunque Morgana intenta hacer creer al rey lo contrario, insinuándole al rey que hay mucho más que amistad y respeto entre Ginebra y Lancelot. Merlín desconfía siempre de Morgana, y sabe que su verdadera intención es desacreditar a los caballeros de la corte ante los ojos del rey.
Ésta es una interpretación, ahora les propongo otra.
No olvidemos otros muchos rumores que pueden dar luz a la historia. Tal vez fue Morgana la verdadera víctima de las murmuraciones, seguramente por odio. Cuentan por ahí que Ginebra la odiaba y que, cuando Morgana vivió en la corte, Ginebra le hizo la vida imposible y se opuso siempre a ella, otro de los motivos que se apuntan para que Morgana abandonara la corte. Tal vez Ginebra sí le fue infiel al rey Arturo y Morgana sólo fue quien la descubrió. Puede ser que de ahí viniera el odio entre las dos mujeres. Puede ser que todo fueran falsas acusaciones para manchar el nombre de alguien que odiamos. A esto se le llama venganza. Tal vez no fuera ella la conspiradora, sino la víctima, y más dulce y terrible fue la venganza de Ginebra, cuyos rumores cambiaron la historia.
No sé cuál es la verdadera historia de Morgana, si es que la hay, sólo son suposiciones. Yo sólo quería que recordaran su nombre: Morgana le Fay.
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