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SOBRE LA AUTORA Mi
DNI dice que me llamo Alejandra, pero yo siempre he juzgado que es un
nombre muy largo para un cuerpo tan pequeño. Me gusta más Sandra, como
todos me conocen.
Siempre me
gustó la literatura, así que decidí estudiar
Filología Hispánica. Ya me habían dicho que la
facultad de Filosofía y Letras era una fábrica de
parados, pero no me importaba, yo buscaba estudiar algo que me llenara
interiormente. Eso de trabajar ya me preocuparía más
tarde. Me sirvió para hacer amigos, conocer a mi marido y
descubrir que la "s" que pronuncio se llama "predorsal convexa", y
no una "apicoalveolar", como pronuncian los
madrileños.
Y después de la carrera vino la difícil tarea de incorporarme al mundo laboral. Durante años trabajé en lo pude, no es que me sintiera realizada, pero al menos podía decir que tenía una nómina y, mientras tanto, trataba de compensar mi situación laboral apostando por mi vida personal. Pero entonces todo se complicó. En el año 2000 Agustín y yo intentamos tener un hijo, pero no salió bien y yo no estaba preparada para perderlo. Me encerré en casa. Durante año y medio no quería salir ni ver a nadie. No soportaba ver embarazadas ni bebés. La tristeza que se puede llegar a sentir es infinita. Y coincidió que en ese periodo una editorial me propuso escribir un libro sobre hadas. Las hadas fueron mi refugio, mi escape. A ellas les dediqué horas y horas de biblioteca. Adopté el nombre de una de ellas como nick (seligen) y las hice mías. Después de aquello salí más fortalecida que nunca. El periodo más amargo de mi vida se convertía en el punto de arranque de nueva etapa y, aunque pueda parecer increíble, me alegro de todo lo ocurrido, porque todo eso también soy yo. Conocer el fondo del pozo me hizo saber dónde no quería estar y también que ahí no quería volver. Me tiró por tierra todo en lo que yo creía, pero a su vez me hizo construirme una nueva escala de valores. Hoy en día soy mucho más positiva, y también mucho más feliz. Y a partir de ese momento mi suerte cambió, o tal vez fuera mi manera de afrontar la vida, pero desde entonces todo me resulta mucho más fácil. Después de ese primer trabajo, comencé a trabajar por encargo editorial, y luego vinieron otros proyectos, como las charlas en los coles. Hoy por hoy sé que no podría renunciar a mi trabajo, al menos por ahora. Me encanta escribir, saborear el sonido de las palabras, disfrutar del párrafo que va saliendo. Y qué decir de la sensación de ver por primera vez un libro tuyo en una librería. ¡Guaaaa! Esa sensación es indescriptible, inigualable. Pero para ser feliz, una persona debe compaginar los distintos ámbitos de su vida. Me fascina mi trabajo, pero tampoco me sentiría satisfecha si esto fuera lo único que tuviera. También soy madre, y esposa, y todas estas facetas me son fundamentales para construir mi propio "yo". En diciembre de 2005, y después de muchos intentos, Agustíny yo tuvimos por fin un hijo. El principio fue muy duro, pero lo importante es que ya tenía en casa a mi niño, mi juguete, mi muñeco. Algún día me gustaría contarle que ha sido un hijo muy deseado y que voy a hacer lo imposible porque sea muy feliz. Lo único que echo de menos, a ratos, es que no tiene botón de apagado. :) |